Capitalismo y adicción.
Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.
Capitalismo como colapso.
El capitalismo es el sistema integral que se fundamenta en el colapso. Esto quiere decir que el colapso no es una consecuencia ni aleatoria ni necesaria del mismo, sino que es lo que lo fundamenta como sistema de producción maquínica en tanto para que funcione se extraen y dominan las fuerzas existentes de lo real en una forma en la que esas fuerzas se turban en la productividad misma. Si lo real es una fuerza existencial infinita que se puede expresar en formas diferenciales de realidad, entonces en el flujo capital colapsa esa posibilidad en la forma de una realidad a-significante. Es verdad que se expresan sentidos y significados pero en la turbación del colapso, en la que estás pierden su fuerza expresiva. Las fuerzas de la existencia colapsan en el quiebre del devenir infinito de la consciencia como existencia.
El colapso es una excepción no diferencial de las fuerzas infinitas. Lo infinito es lo que no tiene principio ni fin, pero también lo que logra un nivel de consolidación autónomo. Es verdad que de una causa se sigue una consecuencia, pero en toda fuerza de la existencia como esa consecuencia hay implícito un poder como causa de sí en potencia. El capital se fundamenta en el colapso porque anula o cree anular ese poder infinito que constituye lo real. El colapso se requiere para la productividad maquínica desauratizada. En la expresión plena de la fuerza no hay reproducción técnica sino diferencia absoluta.
El colapso es el quiebre de la diferencia absoluta como creación de lo nuevo, en tanto establece un nivel de lo real como realidad en la que la consciencia requiere de una producción maquínica de lo mismo. El problema es que el capital como aceleración de una consciencia quebrada puede hacer colapsar lo real en el desarrollo algorítmico de su intención. El colapso definitivo de lo real como fuerza.
Subjetividad como colapso.
La subjetividad como colapso consiste en la determinación de una consciencia de sí y del otro desde el sistema integral de producción. La subjetividad es el producto mismo del capital porque en una consciencia como fuerza en devenir no es posible ninguna mismidad. Lo que se repite es la fuerza de la diferencia, que se anula en la repetición de la mismidad. Por eso la consciencia colapsa en la producción de lo mismo. La diferencia es lo opuesto de la innovación reproductiva, porque en la diferencia se expresa un nuevo nivel de lo real mientras que en la innovación es una novedad de la consciencia colapsada. Es verdad que la aceleración es diferente a la velocidad, pero también es verdad que la diferencia implica un nuevo ritmo que se expresa en un proceso cartográfico de creación de lo real como realidad.
El psicoanálisis determinó un inconsciente como líbido para negar la posibilidad de lo nuevo. El inconsciente es producción de lo real. Es un sistema como rizoma que se puede renovar continuamente. Todo inconsciente es rebelde en tanto insublimante porque no hay fuerza deseante que expresar, sino que el deseo se debe crear. Por eso la subjetividad reprimida y adictiva se fundamenta en la necesidad de liberar un deseo como consciencia quebrada de sí. El inconsciente (Icc) rebelde crea un deseo como consciencia (Cc) en la que se expresa un nuevo nivel de lo real como realidad diferencial. El psicoanálisis requiere un Icc/Cc colapsado para que la repetición de lo mismo como innovación pueda fundamentar un nivel de lo real como productividad.
No es verdad que todos somos adictos, lo cierto es que se ha determinado una realidad adictiva para que un nivel de fuerza pueda funcionar. Nadie sabe lo que una fuerza singular podría llegar a crear, pero sólo porque se tiene consciencia de ese modo repetitivo de realidad. El cuerpo sin órganos (CsO) es la plenitud de la existencia, el problema es cuando el cuerpo organizado en órganos (CcO) se determina como la normalización de la corporalidad porque ese CcO es el verdadero colapso. El sujeto es una mala excepción colapsada de una consciencia como creación.
Capitalismo como adicción.
La adicción es el sentimiento (1) de pertenecer a algo, (2) de estar en alguna parte y (3) de olvidarse. Pero en el capitalismo como sistema integral del colapso ese sentimiento es una producción subjetiva. Esto quiere decir que no es el sujeto el que crea ese sentimiento sino que ya está implícito en el flujo capital. Por eso la adicción es constitutiva del capitalismo porque fabrica la subjetividad como consciencia integral.
En el colapso como quiebre algorítmico y tecnocrático de lo real se determina toda producción como compulsión adictiva, que determina un nivel de lo real, para que se haga posible la circulación del capital como bien y como fuerza. Sin la acción adictiva implícita en la consciencia del sujeto no habría capital. La adicción es una fuerza interna de la circulación.
La producción corresponde al estado de consciencia en el que se identifica un objeto, un otro, una idea como propia. Es la ilusión necesaria de un yo desde el que se constituye una normalización. Pero no solo se asume el objeto como propio sino que además se lo ubica en un lugar significativo. De hecho un lugar es aquello que es significativo, no tiene nada que ver con el territorio. La producción como adicción determina el sentimiento de aquello propio y del lugar propio. Un cuarto propio no solo para escribir sino para construir una yoicida. La casa es el lugar del yo.
Pero el tercer sentimiento es el más importante porque la adicción como un olvidarse funciona como un no saber lo que la consciencia puede llegar a crear. Lo que se olvida en la adicción es la consciencia de la posibilidad infinita de creación de lo nuevo. El capital adictivo es el olvido de la fuerza.
Esa es la importancia de la pregunta: ¿hay una causalidad específica en la droga? Porque una cartografía de la determinación de la yoicidad permite comprender la forma en que los sentimientos son fabricados desde la lógica de la adicción. Se trata de una reconstrucción de los mapas de los afectos para identificar esa adictividad implícita. Pero no como historia personal sino como mapa del colapso de la consciencia.
Subjetividad como adicción.
El proceso de subjetivación como creación de una consciencia de sí se puede diferenciar entre una subjetivación como sujeto y otra como individuo. En la primera la subjetividad es configurado por un poder externo, en la segunda se despliega la consciencia de un poder interno. Es un proceso complejo porque la consciencia de sí es un entramado de afectos, preceptos y conceptos; de líneas de fuga que desplazan la consciencia pero que también la expanden hacia consciencias otras. Además la relación de esa consciencia de sí implica el (Icc) rebelde, lo que hace de la subjetivación un devenir existencial en la transgresión. No es que todos seamos adictos, sino que en la consciencia de sí se configura un sistema complejo de significados que podrían o determinar la consciencia o permitir que esta se desterritorialice hacia nuevas formas y niveles de sentido.
Las preguntas son: ¿qué es aquello que permite que la consciencia configure el sentimiento de (1) pertenecer, aquello que consolida un (2) territorio existencial? ¿qué es lo que permite (3) olvidarse como acto de pérdida pero también como acción afirmativa que hace posible la experimentación de nuevos sentidos? Tal vez la subjetivación es la lucha continúa con un sistema complejo de fuerzas que configuran y desplazan.
¿Qué es lo que sostiene ese proceso de subjetivación? Pero también, ¿qué es lo que la puede transformar y transgredir? El problema es intenso e interesante porque podemos afirmar que todo proceso de configuración de la subjetividad es adictivo, en tanto están en juego los referentes de significación que permiten y desplazan esa configuración. Pero también podemos ir más allá de esa concepción adictiva en tanto en el sujeto como configuración de un poder externo se pueda realizar una cartografía operativa de ese poder; entonces ya no se trata simplemente de comprender y afirmar que se necesita algo a lo que pertenecer, un territorio y un olvido, sino qué poderes están configurando los mismos. De esta forma se puede identificar al capitalismo de colapso como aquel que configura una subjetividad adictiva como fundamento de su praxis. Entonces los sujetos adictos no se presentan como efecto colateral del capitalismo sino como lo que lo fundamenta. El capitalismo de colapso requiere la subjetividad adictiva para que el flujo de producción y consumo tenga las tres característica del pertenecer, territorio y el olvido como consciencia de sí apropiante.
Es una subjetividad adictiva no sólo en el consumo de drogas que en el capitalismo es esencial o causa de sí como equilibrio del sistema mismo, sino también y especialmente en la configuración adictiva de una subjetividad algorítmica en la que el sujeto se objetualiza como producto.
Pero también está la posibilidad de configurar una subjetividad como individuo, en la que se van estableciendo puntos de consciencia de sí en un desplazamiento existencial de fuerzas diferenciales. El afecto será una consciencia de la potencia de los otros, los preceptos los desplazamientos simbólicos que crean nuevos territorios y los conceptos consolidaciones de sentido en los que la consciencia y el (Icc) rebelde logran una expresión, no como síntoma, sino como creación de lo real como realidad. En este punto no se trata de pertenecer sino de (1) crear alianzas, de determinar una casa sino de (2) proyectar territorios insospechados, y no se trata de olvidar sino de (3) transgredir.
¡Íncipit!


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