¡No más mañanas de lunes miserables!


Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.


La pregunta fundamental es: “¿Existe realmente un deseo de algo más allá del capitalismo?” (Fisher, 2024, p. 56). La pregunta es sorprendente porque nos lleva de inmediato a otras: ¿Por qué el deseo se volvió capitalista, al punto que parece difícil y hasta imposible la creación y expresión de un deseo que no sea o que esté más allá del capitalismo? ¿Todo deseo es en sí mismo capitalista? ¿Toda “libido” es una máquina de producción?  


El capitalismo se fundamenta en el diseño y determinación inconsciente del deseo, desde el que fluyen los sentidos de la consciencia subjetiva. Pero, ¿cómo puede un deseo inconsciente determinar una conciencia de sí del sujeto? Lo cierto es que el inconsciente (Icc) y la consciencia (Cc) no se oponen, sino que se implican (Guattari). El Icc es el plano de inmanencia de la Cc, en el que el deseo es la línea de desplazamiento (Deleuze).      


De hecho, el sentido de “sujeto” consiste en la determinación de una subjetividad operada por un poder externo (Foucault). Diferente al sentido de “individuo”, que consiste en la transgresión de ese poder externo, y en la creación de una consciencia de sí autónoma (Butler). 


Es por esto que es muy importante comprender quién determina el deseo: ¿el sujeto o el individuo? Lo que está en juego en la expresión del deseo, es la posibilidad de la libertad. Por eso, la pregunta de si existe una forma de deseo diferente a la determinada por un poder externo, es esencial. 


Si el capitalismo tiene la capacidad de diseñar y determinar el deseo algorítmicamente (Sadin), lo que realmente está dominando es la consciencia subjetiva del sujeto. El capitalismo impone identidades y proyectos de vida, en el agenciamiento del deseo. Por eso si se pretende pensar en la posibilidad de un “más allá” del capitalismo, lo que se debe preguntar es por la transgresión del sistema integral en el que está determinado el deseo mismo. 


El punto problemático que desarrolla Fisher, es que ese “más allá” no puede ser: 1. El anhelo nostálgico de un pasado arquetípico, en el que el deseo está desligado de todo proceso de producción y consumo (un deseo puro inexistente), y 2. La negación de  la “infraestructura libidinal y tecnológica del capital” (p. 57), en la que se pretende la creación de un nuevo sistema, que termina convirtiéndose en una utopía sin sustento. La posibilidad de un deseo que esté “más allá” del capital, no consiste en negar el capitalismo, sino en su transgresión, llevándolo a sus últimas consecuencias (Lyotard). El capitalismo se transgrede desde el capitalismo mismo. Se deben empezar a trazar líneas de fuga deseantes, desde las que puedan emerger nuevos procesos de la consciencia de sí. 


Pero, si el capitalismo determina el deseo subjetivante, ¿cómo se puede crear un nuevo deseo que esté más allá del capitalismo mismo? La respuesta es doble: 1. El capitalismo genera abundancia, pero también necesita crear y administrar la escasez, y 2. El estado de bienestar no logra satisfacer el anhelo del sentido como proyecto de vida, lo que se expresa en el desencanto como fuerza de resistencia y transgresión. 


Es innegable que el capitalismo ha generado progreso y abundancia (Land), pero también necesita crear escasez como dispositivo de dominación. La escasez se administra con el mismo rigor con el que crea la abundancia desde la que se ejerce el poder. Es por esto que desde el capitalismo se niega el Ingreso Básico Universal (Srnicek y Williams), porque se requiere un nivel considerable de pobreza y miseria desde el cual ejercer un poder determinador del deseo mismo. El deseo tiene dos sentidos: 1. Carencia, y 2. Proyección. La determinación funciona desde el primero, y la transgresión desde el segundo. Esto nos hace pensar que hay un desencanto que no es un efecto colateral del capitalismo, sino que también se administra desde el mismo sistema.  


Si hay, entonces, un desencanto como transgresión y otro como administrador de la miseria, debemos aprender a reconocer una diferencia clara entre ambos en la consciencia de sí, desde un análisis existencial del deseo. Muchos trabajadores odian los lunes porque es el inicio de sus “trabajos de mierda”. Pero el problema no son los lunes sino esos trabajos. No se odian los lunes sino los trabajos desde los que se administra la escasez y una forma concreta de desencanto impotente. 


De lo que se trata es de la afirmación de un desencanto como la capacidad de tomar distancia de todo lo que despotencia, y de lo que impide la expresión de las fuerzas integrales de la existencia. Desde aquí se podría pensar sobre la posibilidad de un postcapitalismo, en el que se pueda crear una nueva forma de deseo que pueda afirmar al individuo. El desencanto como transgresión del sistema de dominación, y afirmación de una consciencia de sí. 


Por supuesto que Fisher comprende que el término “postcapitalismo” tiene sus desventajas, la más importante es que afirma como prolongación aquello que pretende superar. Pero también tiene ventajas, entre ellas la de no remitir a conceptos como “comunismo” y “socialismo”, que para Fisher ya están bastante desgastados y no permiten comprender la posibilidad de la creación de lo nuevo. Pero hay otra ventaja importante del término, y es que permite pensar en una “alternativa al resentimiento” (Fisher, p. 85). 


Nietzsche establece una diferencia entre el resentimiento y la mala consciencia: el primero consiste en culpar a otro de la propia impotencia, el segundo en culparse a sí mismo. La creación de un deseo que esté más allá del capitalismo no se debe realizar desde el resentimiento al capitalismo mismo, en tanto se lo culpe de la impotencia deseante y de la falta de un proyecto de vida superior del sujeto, sino que se lo debe hacer como afirmación de la potencia creadora absoluta de la existencia. Ir más allá del resentimiento consiste en comprender que no hay nada que pueda someter las fuerzas de la existencia. 


Solo desde la consciencia de la propia potencia superior, es posible la creación de un nuevo sentido de sí como afirmación existencial. El deseo es la posibilidad de una consciencia ideal de sí y del otro, desde el que se puede crear un mundo mejor. Ya no más mañanas depresivas de mierda, sino amaneceres de encuentros transgresores.  

                               

Referencia:

Fisher, Mark (2024). Deseo postcapitalista. Las últimas clases, Caja Negra. 




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