Poética de la transgresión.



Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.



La transgresión implica una creación de la consciencia. 



La transgresión consiste en la consciencia del sentido como posibilidad infinita de creación, en la que se despliega una fuerza que impide toda determinación. 



La transgresión es el punto intenso de una plenitud deveniente.

 


La acción transgresora es una dynamis existencial, desde la que es posible una creación de sí como consciencia individual. La transgresión es la afirmación de la creación como posibilidad de consciencia de sí. La creación es la afirmación de lo nuevo y de lo superior, pero que implican la emergencia de una consciencia de sí como individualidad singular. La creación es la afirmación de lo nuevo absoluto, pero la acción transgresora es lo que hace posible que esa creación implique una apertura de la consciencia. Incluso podemos afirmar que no hay una creación sin una apertura consciencia de sí. Toda creación implica una apertura de la consciencia. Sólo que esa consciencia es un proceso caótico.

 


La transgresión consiste en la afirmación del caos de lo nuevo como plenitud, para que una consciencia de sí se pueda aperturar. Se debe transgredir no sólo la determinación, sino también la plenitud. En la transgresión se afirma lo caótico como posibilidad infinita. 



La transgresión es una apertura de la consciencia, pero también la destrucción absoluta de una consciencia de sí. Una consciencia es una plenitud en devenir, que se transgrede a sí para afirmar su evolución. ¿Cómo transgredir una consciencia de sí? En el despliegue potenciador de las fuerzas integrales, que pueden crear nuevas fuerzas. Una nueva fuerza es una consciencia en creación. Sin una transgresión de sí no hay plenitud ni creación de fuerzas nuevas. 



Hay un punto de vacío fundamental, en el que una consciencia de sí se transgrede, para crear y hacer posible la emergencia de una consciencia superior. Una transgresión de sí, es un instante ideal de intensidad en el que todo puede ser posible. Transgredir es aperturar una consciencia hacia lo indeterminado. La transgresión es la potenciación integral de todas las fuerzas que constituyen la individualidad, para que esas fuerzas se renueven; es la posibilidad de crear fuerzas nuevas e impensables. 



La transgresión es un desplazamiento de creación, en el que se despliegan nuevos e inmanentes niveles de lo real. La transgresión es la intención de consciencia radical de aperturar la existencia.  



El caos que hace posible una transgresión de sí, implica un encuentro afectivo con el otro. El otro es lo imposible, en tanto posibilidad infinita de apertura de lo nuevo, impredecible e impensable. El otro tiene la capacidad de irrumpir y de fisurar la consciencia individual. El otro como transgresión de la consciencia de sí. 



La apertura de consciencias que la transgresión hace posible, implica el proceso creador de nuevos niveles de lo real. La consciencia de sí que se apertura en la transgresión afectiva con el otro, despliega nuevas y diferentes fuerzas de lo real que se expresan en un nuevo sentido de la realidad. La transgresión crea lo nuevo como consciencia en despliegue y devenir. 



¿Por qué la apertura de consciencia sólo es posible como transgresión? La consciencia de sí y del otro, que hace posible la singularidad del individuo, no es un estado de determinación en el que se afirma una identidad, sino que es un despliegue de fuerzas que se consolidan en su expresión. 



La consciencia del caos como posibilidad absoluta de lo nuevo y de lo superior es lo que afirma la acción transgresora. No hay transgresión sin consciencia, no hay consciencia sin caos renovador. 



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