Un psicoanalista anarquista.
Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.
Uno de los más importantes aportes de Otto Gross (1877-1940) al psicoanálisis como terapia y teoría, consiste en estudiar los procesos psíquicos e inconscientes del individuo como productos sociales. Esto no quiere decir que el individuo sea un simple recipiendario de un contexto social y significante, sino que los procesos psíquicos van más allá de la represión libidinal planteada por Freud, y se expanden a las relaciones de poder que el inconsciente establece con los sentidos determinadores.
Un ejemplo claro de lo anterior es el estudio freudiano de la histeria como represión libidinal inconsciente. La histeria sería una libido mal sublimada, que se expresa en la forma de crisis sintomática. Además, para el psicoanálisis freudiano la sublimación como represión adecuada, es lo que fundamenta a la sociedad como topos de normalización. Es decir, si no se logra una represión adecuada de la fuerza libidinal no es posible la consolidación de una civilización.
Pero Otto Gross plantea que es la consolidación de una significación como civilización lo que ejerce un poder dominante sobre la psiquis individual. No es que la represión sea necesaria para la consolidación de la civilización, sino que la civilización se construye desde la represión como dispositivo de dominación. No se reprime para civilizar, sino que se civiliza para reprimir.
Desde esta perspectiva, el anarquismo se presenta y se asume como una práctica existencial de liberación, en tanto pretende la transgresión integral de la estructura integral de significado social desde el que se determina una pretendida civilidad.
Es verdad que este puede ser un propósito excesivo, que puede terminar fracturando la psiquis misma del individuo, pero, ¿acaso la crisis no es también administrada desde esa estructura de poder dominante? El planteamiento fundamental es que toda neurosis es necesaria al sistema mismo, para poder administrar la represión como sistema de normalización. Es desde la crisis que se ejerce el poder de dominación.
Esto lo padeció el propio Otto Gross en su vida: en 1908 se interna para ser desintoxicado de cocaína, opio y morfina, y para ser psicoanalizado por C.G. Jung, por solicitud del mismo Freud. Internación que sólo duró 37 días, al cabo de los cuales decide saltar el muro del Instituto y escapar. Esta sería la primera de varias internaciones. La anterior fue una internación voluntaria, pero en 1913 fue detenido e internado a la fuerza por solicitud de su padre Hans Gross, quien, utilizando un diagnóstico de “locura” emitido por Jung y Freud, solicitó el ingreso en un hospital psiquiátrico.
Esta detención generó las más intensas reacciones de parte de grupos anarquistas, en especial de sus amigos Franz Pfemfert y Franz Jung, que lanzaron una campaña pública para lograr su liberación. Lo hicieron mediante la edición de la revista “Die Aktion”, que logró impactar en universidades y algunos círculos burgueses. Los artículos de la revista eran una profunda reflexión crítica sobre cómo la estructura patriarcal determina los vínculos sociales que someten la individualidad a una normatividad coercitiva. En este punto, los estudios psicoanalíticos sobre la tensión inconsciente de padre/hijo sirvieron como fundamento crítico para solicitar la liberación de Otto, que se logró casi siete meses después, a mediados de 1914.
Lo importante es que los argumentos que utilizaron los anarquistas para lograr la liberación de Otto no hacen parte del canon freudiano, sino que son los estudios que había realizado el mismo Otto sobre la histeria y la esquizofrenia, y que lo terminaron distanciando definitivamente de Freud.
Si bien Otto Gross fue uno de los primeros en recepcionar los fundamentos del psicoanálisis, también fue uno de los primeros en distanciarse y tomar una postura crítica hacia los mismos. De hecho, tuvo una influencia importante en desarrollos posteriores del psicoanálisis, y en la cultura y el arte de la segunda mitad del siglo XX. Podríamos afirmar que influyó en la corriente de la antipsiquiatría que consideraba el modelo familiar patriarcal y burgués como el fundamento de todas las crisis psíquicas del individuo. De igual modo, en la concepción de “inconsciente rebelde” de Félix Guattari encontramos los fundamentos de la crítica radical de Otto Gross al psicoanálisis sublimante. También es importante mencionar que en 1917 conoce a Franz Kafka, con quien no solo establece una profunda amistad, sino sobre quien ejerce una notable influencia; se afirma que “El proceso” de Kafka está inspirado en Otto Gross.
El anarquismo es un proyecto social e individual que busca la liberación integral de todos los sistemas de control, en la afirmación de la autonomía consciente como fundamento de una convivencia afectiva y superior con los otros. Si bien es cierto que el control debe ejercerse sobre quienes aún no han logrado formar su autonomía consciente e individual, lo cierto es que justamente la estructura social de poder es la que impide que esta individualidad se consolide. No se controla al individuo porque éste necesite el control; se controla al individuo para que no logre formar y consolidar su propia individualidad autónoma. El anarquismo es la superación de todo intento y sistema de control, desde la consolidación existencial de una autonomía superior.
Esto llevó a Otto no solo a luchar con toda la estructura burguesa y patriarcal que lo quería someter y confinar en un hospital psiquiátrico, sino también a prepararse para una revolución. Lo hizo muy precozmente cuando en 1906 se traslada a Munich con su compañera Frieda, y se unen a los círculos intelectuales y artísticos de Schwabing, “un barrio bohemio considerado el “Barrio Latino Suizo”, frecuentado por personas como Frank Wedekind, Alfred Schuler, Max Brod y Erich Mühsam” (Checchia). Esta experiencia es muy importante porque marca su crítica a la represión sexual propia de la burguesía patriarcal, en la afirmación de una libertad sexual que se convirtió en un precedente de las posteriores luchas feministas y de reivindicación del sexo como experiencia existencial de autoconocimiento individual.
Es verdad que en el mundo contemporáneo estamos en una hipersexualización capitalista del cuerpo, que lleva a una intensidad banal y carente de sentido. Pero la libertad sexual que afirma Otto Gross se fundamenta en una crítica a la estructura de poder dominante, desde la que se afirma una consciencia de sí. Es una libertad sexual como construcción de una nueva corporalidad intensiva.
Lo cierto es que experimentaciones de este tipo tienen el riesgo de una destrucción de sí, que no siempre logra una reconstrucción superior de sí. Deleuze y Guattari afirman que toda “línea de fuga” debe tener un plano de inmanencia y de consistencia, desde los que se pueda afirmar una transgresión superior. La inmanencia es la fuerza simbólica y la consistencia es la creación de un sentido diferencial. Pero la verdad es que nada lo garantiza, y se debe respetar la dignidad de quienes intentaron ir más allá de lo establecido.
En el año de 1920, Otto Gross sucumbe a su propia intensidad. Su consumo de drogas se vuelve excesivo, sumado a la mala fama que lo acompaña por su liberalidad sexual que hace que lo rechacen de ciertos círculos sociales y académicos, al punto que poco a poco se va hundiendo cada vez más (Rosenberger). Luego de varios días de deambular por las calles, en una noche fría de febrero de 1920, “se arrastra hacia un pasillo de una calle industrial, y se deja caer allí” (Rosenberger).
El individuo es la posibilidad de una creación de sí como consciencia diferencial. Nada garantiza esa creación, porque el fundamento de la consciencia es que esta se crea en el devenir existencial del individuo mismo. Un psicoanálisis anarquista consiste en la afirmación absoluta de una liberación del inconsciente de las significaciones dominantes, que se determinan como preceptos apriorísticos de lo real; y en la creación de una consciencia superior que no es diferente del inconsciente, sino que se implican en una acción existencial de creación transgresora. En todo individuo hay una fuerza “indestructible” que lo espera. (Otto Gross).
Referencia:
Gross, Otto. (2003). Más allá del diván. Apuntes sobre la psicopatología de la civilización burguesa, Alikornio Ediciones.


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