Deseo imposible, el deseo de lo imposible.
Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.
El deseo es una fuerza que hace posible una consciencia de sí, de los otros y de lo real como realidad. Es verdad que el deseo es lo que mueve, lo que desplaza, pero esos movimientos son de la consciencia misma. Sólo que no siempre es una consciencia en plenitud lo que se desplaza en el deseo, sino una consciencia como posibilidad.
La diferencia entre lo consciente (Cc) y el inconsciente (Icc) es de enfoque, depende de la intensidad del proceso en el que se encuentre la singularidad. Pero lo cierto es que el (Cc) y el (Icc) se encuentran implícitos de forma inmanente en la expresión vital del deseo mismo. Un deseo (Icc) es aquel que busca una plenitud en su expresión; un deseo (Cc) es aquel que se puede transformar y crear de nuevo.
Por eso, la pregunta fundamental es: ¿hacia dónde mueve el deseo? Si el movimiento que el deseo hace posible es hacia la afirmación de parámetros establecidos, entonces el deseo determina una consciencia de sí agenciada o estandarizada en un contexto de significación. Pero si el movimiento es hacia lo nuevo y lo superior, entonces el deseo puede hacer posible la creación de una consciencia de sí autónoma y diferencial. El problema es claro: o el deseo inscribe y limita a una realidad determinada, o el deseo tiene la posibilidad de liberar y de afirmar una singularidad irrepetible.
Lo anterior quiere decir que el deseo no importa por aquello que se desea, sino como una fuerza que crea una consciencia de sí superior. Esto es muy importante porque el deseo no es lo contrario de la carencia, sino que el deseo es lo contrario de la impotencia. Desear es desplegar una potencia de creación.
Pero, esa potencia de creación, ¿es finita o infinita? Si tenemos en cuenta la definición spinosista de infinito, podemos decir que el deseo es infinito en tanto logre un despliegue expresivo en un devenir continuo de creación. El devenir continuo quiere decir que el deseo tiene la posibilidad de renovarse y crearse a sí como fuerza. Por el contrario: el deseo es finito en tanto se determine en una expresión concreta. El deseo finito es un “deseo de algo”.
El deseo infinito es un deseo como fuerza que se renueva y se crea. El deseo como fuerza infinita es un deseo imposible, en tanto no se determina en un objeto concreto. Pero también es un deseo de lo imposible, en tanto consciencia de no determinar el deseo en ninguna forma ni en ningún objeto.
El deseo imposible es la expresión y despliegue infinito de la fuerza existencial del individuo como singularidad diferencial e irrepetible. Es la afirmación de asumir la existencia como transgresión absoluta de toda determinación, pero no para negar el sentido, sino para crear nuevos y superiores sentidos de sí, de los otros y de la realidad. El deseo imposible consiste en el aumento infinito de las fuerzas integrales de la existencia. Lo que se desea en el deseo imposible es la potencia absoluta.
¿Cuál es la importancia de la afirmación del deseo imposible? La respuesta es que cuando el individuo asume la praxis existencial de no determinar el deseo en ninguna forma ni en ningún objeto, se hace posible: 1. la superación de todo dogmatismo como determinación de sentido, 2. la superación de todas las pasiones como vínculos despotenciantes con los otros, 3. asumir la existencia como una danza caótica con el sentido, en la que se siempre es posible la creación de un sentido superior.
Es por esto que el deseo imposible implica el deseo de lo imposible. ¿Qué es lo imposible? También desde Spinoza podemos presentar tres concepciones: 1. lo imposible es lo que logra una expresión auto-poiética, 2. lo que aún no se ha creado, y 3. lo que irrumpe en la realidad como un acontecimiento nuevo y superior.
Los individuos y, en general, los seres vivos, pueden lograr ciertos e intensos niveles de creación de una consciencia de sí auto-poiética, desde la que se afirma su diferencia. Para lograr esta consolidación se requiere la creación de lo nuevo, porque lo auto-poiético es lo que se renueva. Lo imposible es, justamente, aquello que se debe crear. Y, por último, lo imposible es lo que irrumpe como transgresión creadora, es lo impensable y lo impensado.
El deseo de lo imposible, entonces, es el despliegue de la fuerza individual como anhelo ideal de una consciencia de sí superior. Se desea lo imposible para destruirlo todo y para crearlo todo de nuevo.
Es urgente la liberación del deseo de los parámetros de consumo algorítmico, desde los que se agencian y determinan las identidades y los proyectos de vida de los indivi-duos. Una de las mejores formas de sometimiento y dominación es mediante la determinación de “aquello” que se debe desear. Incluso es una determinación del deseo de forma inconsciente. En el mundo contemporáneo se están diseñando e implementando proyectos de vida banales y estupidizantes, desde los que se anhela un “mundo feliz”.
Referencias:
Deleuze, G; Guattari, F. (1985). El Anti Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, Editorial Paidós.
Spinoza, Baruch de (1980). Ética. Demostrada según el orden geométrico, Ediciones Orbis, S.A.


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