El derecho a la opacidad.
Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.
¿Qué es el derecho a la opacidad? ¿Quién la exige? ¿Y a quién se le hace la exigencia? ¿Más que un derecho, se puede asumir la opacidad como una condición existencial? Lo cierto es que la exigencia de un derecho a la opacidad, es lo que hace Édouard Glissant en su libro “El discurso antillano” (2010), con el que “nuestro empeño en existir con reciedumbre tiene el alcance del drama planetario de la Relación” (2010, 9). Pero, ¿a quién se refiere Glissant con “nuestro empeño”? Es claro que se refiere a: “Las Antillas, la otra América” (2010, 11), pero no como un simple territorio, sino como el lugar en el que “concurre todo discurso” (2010, 10). Es este discurso, como territorio de una consciencia existencial, desde donde se exige el derecho a la opacidad.
Para Glissant, la Relación implica la consciencia de lo otro, pero como la posibilidad de un encuentro en el que se construye un devenir existencial. Para Deleuze y Guattari el acontecimiento es lo que se crea como plano de inmanencia existencial. El acontecimiento se opone al suceso, porque el suceso es lo que ocurre como mera vida (Heidegger) mientras que el acontecimiento es un proceso de creación de un sentido existencial. El acontecimiento es lo que se diseña y se expresa como sentido. Por eso la Relación que presenta Glissant, es un acontecimiento que se construye con el otro, y que hace posible la afirmación de “la multiplicidad sorda de lo Diverso” (2010, 9).
Es por esto que la Relación es un drama existencial, en el que se afirma el empeño en resistir con reciedumbre. Esto es importante porque no se trata de establecer un vínculo con lo otro como un simple suceso de hechos, sino que el vínculo es afectivo, es decir: que el encuentro con el otro permite el despliegue integral de las fuerzas de la existencia. Resistir con reciedumbre es el esfuerzo afectivo por la libertad como condición existencial de una consciencia de sí y de lo múltiple. ¿Qué es lo que resiste? Es la consciencia del devenir existencial que anhela un despliegue y expresión en plenitud de las fuerzas. Esto lo podemos comprender en lo que Glissant afirma sobre el idioma “creol”: es un resistencia ante un lenguaje dominante, que resguarda el sentido de lo íntimo y fundamental. El “creol” resiste pero también resguarda lo esencial.
Para Spinoza lo esencial es lo que constituye lo fundamental. Lo esencial es diferente a un esencialismo en el que se determina un sentido definitivo; lo esencial es la consciencia de aquello que fundamenta la existencia. Por esto para Spinoza, lo esencial es inmanente al devenir existencial a la consciencia que lo afirma. Esto es importante, porque de lo contrario se caería en lo que Glissant denomina: la desposesión. Lo que se despoja no es tanto el territorio sino la consciencia del sentido de lo que fundamenta a una comunidad. Es lo que Glissant denomina como: conciencia torturada, que “consiste en ir a tomar conciencia a otro lugar” (2010, 32). Todo lo contrario a lo que se denomina: el desvío, que consiste en resguardar la conciencia. En la desposesión se pierde lo esencial, en el desvío se lo resguarda. La reciedumbre es el esfuerzo por conservar lo que fundamenta la conciencia.
Pero no se trata de la reivindicación de una condición identitaria, porque toda identidad implica la determinación de un sentido de sí y de la comunidad que auto-limita y detiene el devenir existencial. Se trata del esfuerzo por conservar lo que fundamenta lo Diverso como multiplicidad existencial. Se debe ir más allá de la identidad, en la afirmación de una conciencia recia que lucha por la creación de un sentido diferencial.
¿Qué es lo Diverso? ¿Se puede oponer lo Diverso a la diferencia? Con Deleuze podemos afirmar que lo diverso no implica lo diferente, en tanto lo diverso es la afirmación de una multiplicidad sin creación, mientras que la diferencia es lo que se crea como acontecimiento. Lo diverso es lo que fundamenta al capitalismo como producción, en tanto que la diferencia es la transgresión de la producción como eficiencia y optimización (Sadin). La diferencia es la creación de lo nuevo y lo impensable, mientras que lo diverso es la repetición de lo mismo (Deleuze). Pero Glissant afirma una multiplicidad sorda de lo Diverso, que es diferente a la diversidad que denuncia Deleuze. Lo Diverso es la condición existencial de lo posible, en el que otro mundo puede acontecer. Solo que este otro mundo no niega aquello que se resguarda, sino que lo actualiza en la dignificación de lo recio. Lo Diverso es el despliegue de la posibilidad de la creación de lo nuevo, como conciencia esencial. Lo Diverso es en Glissant la diferencia como plano de inmanencia de un sentido superior en Deleuze y Slöterdijk.
Es desde este contexto que se expresa el derecho a la opacidad. La opacidad es lo contrario y aquello que se expresa como una crítica a la transparencia de la universalización. ¿En qué consiste esa transparencia? Es una determinación de sentido que realiza la tradición de pensamiento occidental (Derrida). El sentido es un proceso continuo de creación, pero esta tradición lo determina como un sentido único y universal en el que se anula la posibilidad de la creación misma. Esta determinación es un ejercicio de poder y dominación, desde los que se anula y somete la diferencialidad caótica de los sentidos nuevos y superiores.
Es por esto que para Glissant “Occidente no es un lugar sino un proyecto” (2010, 9), porque pretende realizar un ejercicio de dominación sobre el devenir creativo del sentido, desde la determinación de un sentido universalizante. Si diferenciamos entre lo universal y lo universalizante, podemos decir que lo primero es la conciencia de las relaciones afectivas entre todo lo que existe, mientras que el segundo es una transparencia conceptual desde la que se explica unidireccionalmente la existencia misma. Occidente es un proyecto de universalización, las Antillas es el devenir caótico de un sentido nuevo. Las Antillas no son una identidad sino un estado de la consciencia.
La opacidad consiste en reconocer que todo lo que existe es un arduo y recio proceso de creación de sentido, que deviene infinitamente. Para Spinoza lo infinito es lo que no tiene causa ni fin, lo que no tiene nada que lo limite, pero también lo que se expresa en modos cada vez nuevos y mejores. Siguiendo a Bataille, podemos afirmar que lo infinito es lo excesivo. La opacidad es la consciencia interna de esa excesividad infinita. ¿Por qué se opone esta opacidad a la claridad de la determinación? Porque la opacidad es la afirmación de la existencia como posibilidad infinita y excesiva, mientras que la claridad es la contención de ese exceso. Ese es uno de los sentidos en los que se reclama un “derecho” a la opacidad, porque no se lo hace a la tradición occidental, sino que es una exigencia interna de afirmación del caos como plano de inmanencia de la creación.
El derecho a la opacidad es un plus de reciedumbre que realiza una singularidad sobre su propio proceso de creación de sentido. Pero Glissant también afirma el encuentro con la opacidad del otro; La opacidad es una singularidad autopoética, como planteó Guattari (1996, 54), que expresa y actualiza continuamente una producción maquínica de sentido. Para Guattari lo maquínico se diferencia de lo mecanicista, en tanto este último consiste en la determinación de una funcionalidad (el cuerpo con órganos), mientras que el primero es la apertura rizomática de infinitas funcionalidades (el cuerpo sin órganos).
Esto es fundamental, porque la singularidad autopoética no implica un cierre sobre sí mismo de sus fuerzas de creación. Como afirman Pósleman y Aguirre, se trata, por el contrario, de una “apuesta por una diagramática de la liberación de focos de singularización” (2023, 57). La singularidad es una multiplicidad maquínica, que produce infinitamente nuevos sentidos de sí, de los otros y de lo real. La opacidad es una singularidad que se niega con reciedad a toda determinación, y se abre al caos transgresor de la creación.
Bibliografía:
Glissant, É. (2010). El discurso antillano, Fondo Editorial Casa de las Américas.
Guattari, F. (1996). Caosmosis. Buenos Aires: Manantial.
Pósleman, C; Aguirre, C. (2023). "Glissant y Guattari: conjeturas sobre un libro no escrito", Revista Aurora, Marília, SP, v. 16, n. 2, p. 47 - 60.


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