Del cuidado de sí a la creación de sí.
Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.
El filósofo Pierre Hadot estudia la noción de ejercicios espirituales en la tradición de pensamiento filosófico occidental; el estudio pretende, además de consolidar una categoría de sentido a partir de la que se re-significa el filosofar mismo, asumir el cuidado de sí como una práctica de consciencia interna desde la que se puede hacer posible una creación de sí del individuo. Los ejercicios espirituales pueden crear una nueva individualidad como afirmación de la potencia existencial. Lo importante es que Hadot evidencia que lo complejo del filosofar como acción vital, es la posibilidad de consolidar una consciencia de sí como individualidad. Lo que se “cuida” o resguarda en el ejercicio interno, es la posibilidad de la creación y apertura de una consciencia de sí individual. El cuidado de sí como ejercicio filosófico sólo tiene sentido cuando permite y hace posible una creación de sí.
El problema de la consciencia implica la pregunta por la posibilidad de la creación del sentido, y de si este puede consolidar un sí afirmativo como individualidad. El sentido es inmunológico (Slöterdijk) porque defiende de lo real en tanto construye un sentido como realidad, pero también es la posibilidad de una apertura hacia lo real mismo porque en el sentido se implica y se expresa una fuerza de creación (Benjamin).
Un ejercicio espiritual es una creación de sentido que hace posible la apertura de la consciencia; esto quiere decir que el sentido se crea en una inter-relación dinámica con la fuerza y lo real como posibilidad. Los estudios de Hadot sobre la filosofía antigua evidencian que lo que se juega en el sentido es la consciencia existencial de aquello que lo crea. Lo humano mismo es una creación de sentido con intenciones precisas (Foucault). Por eso en la creación del sentido se configura y transforma lo humano como expresión existencial de una consciencia particular. La filosofía como modo de vida (FMV) es el intento de creación de un sentido de sí como consciencia individual, desde la que se puede ejercer un control de la fuerza misma (Hadot y Cusinato).
Lo complejo es que en la creación del sentido se crea también la consciencia de sí. Una creación de sí es la posibilidad de un sentido superior, en el que las fuerzas de lo real se despliegan (Heidegger). Por eso la creación de sí es un cuidado de sí, porque no se trata de crear un sentido determinado del sí que se enuncia, sino de una afirmación de sí como consciencia en devenir. Las fuerzas de lo real se renuevan y actualizan en la creación de un sentido de sí.
Hadot afirma que la transformación de la consciencia del individuo es lo que hace que asuma una forma diferente y excelsa de existencia. En las escuelas pitagóricas era necesario un proceso de ascesis moral como estado previo a una comprensión de los conocimientos intelectuales y espirituales. La práctica de principios morales hacía posible la serenidad interna necesaria para acceder a un conocimiento transcendental. El problema no es la verdad sino cuánta verdad puede asumir el individuo. La moral como práctica de sí es un ejercicio de aumento de la potencia, que permite el acceso a la fuerza de un conocimiento superior. La idea platónica solo se puede comprender en una ascesis moral interna, desde la que el individuo aumenta su potencia. El cuidado de sí es una potenciación de la existencia. Por eso el goce (hedoné) epicúreo es para Hadot un estado de plenitud que se logra desde el dominio de sí del individuo. El aumento de la potencia se logra desde los “principios vitales” que afirman los estoicos, porque estos permiten un control de las fuerzas integrales del individuo y de lo real. Para Hadot el dominio de sí es un ejercicio de potenciación que implica una transformación y una apertura de la consciencia.
La creación de sí como concepto está implícito en los estudios de Hadot, como lo que Deleuze y Guattari denominan el “plano de inmanencia”, que es un sistema abierto de significaciones pre-conceptuales y afectivos que hacen posible la creación del concepto. Lo pre-conceptual es una fuerza significante que se asume como axioma, y que se configura en el concepto (Deleuze y Guattari). En Hadot el cuidado de sí es el concepto que se configura desde el ejercicio espiritual como un modo de vida; pero la creación de sí es el significado pre-conceptual que haría posible el cuidado de sí, porque se trata de resguardar lo esencial del individuo que consiste en la posibilidad de la transformación integral de sí, y en la capacidad antropotécnica de empezar de nuevo (Sloterdijk y Han), como diferencia absoluta (Deleuze). De igual modo la creación de sí tiene una significación afectiva, que Hadot evidencia en el compromiso existencial que tiene la FMV: la conversión filosófica no se fundamenta en el concepto, sino en el afecto como conmoción interna que el concepto implica. La filosofía es afecto como deseo ideal; o el amor como deseo esencial de una consciencia superior (Deleuze y Guattari).
Pero, ¿puede el preconcepto afectivo de creación de sí constituirse como un concepto filosófico? La creación de sí como concepto es la posibilidad del despliegue y aumento de las fuerzas integrales de la individualidad, que constituyen la individualidad misma como singularidad única, diferente e irrepetible, en un proceso dinámico de transformación y transgresión del sistema integral del sentido y la consciencia. La creación de sí como concepto se fundamenta de forma inmanente en la tradición de pensamiento occidental (Hadot) y oriental (Heisig), y logra un punto de intensidad en la filosofía contemporánea de la subjetivación.
Referencia.
Hadot, Pierre (2006) Ejercicios espirituales y filosofía antigua, Ediciones Siruela.
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