Una filosofía de la transgresión.
Una filosofía de la transgresión.
Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.
Para Deleuze y Guattari la transgresión es una línea de fuga; para Derrida una deconstrucción que se realiza desde el margen; para Butler una crítica a la tradición onto/logo/centro/blanca/patriarcal; para Bataille la afirmación del Eros como creación de nuevos niveles de la corporalidad; y para Slöterdijk es el cinismo como potencia de un decir diferencial.
La transgresión como línea de fuga es posible desde un plano de inmanencia que trace una diferencialidad como consciencia escénica de la realidad. La línea de fuga no es un escape, sino la creación de nuevos niveles significantes de la realidad. Lo que se fuga o se expresa en nuevas intensidades es lo que va más allá de los sentidos establecidos. Para que una línea de fuga acontezca, se debe comprender que la realidad es un sistema abierto y complejo de sentidos, que se pueden transformar en la creación de una nueva y mejor complejidad. Es una apuesta por el caos como posibilidad de creación de lo nuevo.
En la singularidad como consciencia de sí, se afirma la transgresión como una línea de fuga en la que se despliegan y elevan las fuerzas integrales de la existencia. La transgresión es lo que permite la potenciación existencial.
Una pregunta importante es: ¿la fuga rompe el sistema de sentido de la realidad, al punto de perder lo real mismo? Para Deleuze y Guattari la esquizofrenia es la pérdida de lo real en la a-significancia de la realidad. Lo que la línea de fuga realiza es re-significar lo real en un nuevo sentido de la realidad. No es posible la transgresión de un sistema de sentido sin la creación de un nuevo y mejor sistema, porque la psique terminaría en un estado de a-significancia esquizoide. Transgredir es crear nuevos y mejores sentidos de la realidad y de sí.
Por eso para Derrida, la transgresión se realiza desde el margen, porque permite una apropiación del sentido desde la que es posible la deconstrucción. Pero también, porque desde el margen se proyectan nuevos territorios de significación. Desde el margen se piensa el sentido como proceso y posibilidad de creación.
Por lo anterior, la filosofía como ejercicio existencial crítico en Butler, consiste en comprender los dispositivos de poder que configuran la subjetividad. El sujeto es determinado por un poder externo, que se configura según la estructura intencional de dicho poder. El poder que opera en el mundo contemporáneo tiene la estructura onto/logo/centro/blanca/patriarcal.
Siguiendo a Pósleman, se comprende que esta estructura de poder asume el dominio del ser desde una autoridad logocéntrica en la que se afirman los privilegios y los valores de una racialidad. No es un poder cualquiera el que determina al sujeto contemporáneo, sino un poder blanco/patriarcal, propio del hiper-capitalismo globalizante. En su estudio sobre el sujeto, Butler devela la intención dominadora de un poder como estructura ontológica; pero también plantea a la singularidad como transgresión de la misma. Se debe transgredir la determinación del sujeto, para hacer emerger la singularidad como consciencia de sí.
Toda consciencia de sí se crea y expresa en un ejercicio de transgresión al poder que determina las subjetividades.
En una dirección similar, Bataille plantea la transgresión como experiencia erótica, porque hace posible un quiebre de los sentidos que constituyen la corporalidad. En la experiencia erótica se transgrede la estructura de sentido que determina al cuerpo en una funcionalidad logocéntrica. Es la experiencia erótica la que transgrede la identidad subjetiva que se construyó y determinó desde un poder ontológico, y la que despliega una consciencia de sí hacia la creación de una corporalidad como intensidad superior.
La experiencia erótica transgrede el lenguaje establecido en el onto/logocentrismo, porque le otorga a la palabra una fuerza de creación. El Eros transforma las palabras en expresión cínica, asumida como la irrupción transgresora de un nuevo sentido. El cínico es, para Slöterdijk, el que se expresa en un modelo lingüístico que está por fuera de los parámetros del logos universalizante. Es una afuera que proyecta una línea de fuga, desde la expansión del márgen. La transgresión que la palabra hace posible, se expresa en el delirio como irrupción de una nueva consciencia de sí singular. El cínico es el que se expresa en sentidos devinientes, críticos y diferenciales.
La transgresión es un Eros de la palabra que afirma lo indecible y lo imposible.
La transgresión permite superar una estructura de sentido en la que se configura y domina al sujeto, para desplegar una fuerza existencial de creación, desde la que puede ser posible la singularidad como consciencia de sí única, diferente e irrepetible. La transgresión hace posible una creación de sí, como experimentación vital superior.


Comentarios
Publicar un comentario